¿SOMOS MEMORIA?

Ayer, volviendo a casa después de una sesión de trabajo, al apearme del vagón de metro en la estación de Avenida de América para realizar el transbordo de líneas habitual, al pisar el vestíbulo tuve la sensación de encontrarme en un lugar conocido, familiar, amable que hizo que me detuviera. Miré al frente, fijé mi atención en lo que me rodeaba y observé que me encontraba en el mismo andén, el mismo vestíbulo, las mismas escaleras por las que transitaba hace 30 años.

Mi memoria se activó y en ese momento apareció ante mi la imagen de un ilusionado adolescente de 16 años acompañado por su mochila de estudiante y que se dirigía hacia las escaleras mecánicas. Fijé mi atención en aquel chaval lleno de ilusiones, ideas, metas por alcanzar y descubrimientos por afrontar. A su alrededor fueron apareciendo personas y su figura se fue diluyendo entre la multitud. El sonido creciente de los pasos de la muchedumbre se convirtió en la banda sonora de la imagen que estaba iluminada por la luz blanca y saltarina de los fluorescentes de la estación. Con la idea de que en algún momento todos y cada uno de nosotros hemos sido ese chaval que ahora se abría camino hacia el final de la escalera, hacia su destino, hacia su vida futura, y antes de perder su visión me despedí de él diciéndole: disfruta, lucha por tus ilusiones, explora, prueba, déjate sorprender, vive.

El roce de una persona y su petición de disculpas me hicieron volver al presente, a mi realidad actual. Me di cuenta que por algún motivo no podía caminar así que me senté en un pequeño banco que había a mi lado. Me di permiso para disfrutar del momento y atender a lo que mi cuerpo me decía. Nada más sentarme los pensamientos surgieron por si solos como si fuera la inesperada erupción de un volcán en estado de latencia. Saqué un cuaderno y le dije a mi memoria: «adelante, aquí tienes mi mano derecha, dime». Desde esa libertad me mostró lo siguiente:

«Ahora, después de 30 años vuelves a recorrer los mismos pasillos sabiendo que aquello que querías ser y hacer esta más cerca. Sabes que ya hay parte que ya está aquí, que se ha cumplido, que lo estas viviendo. Sigue caminando para comprobar hasta dónde llegas movido por las ilusiones primarias y básicas de tu adolescencia.»

De pronto, supe que el chaval de la visión era yo. En ese mismo instante me invadió una sensación de tranquilidad, de alegría y de asombro por lo recordado, por lo que mi memoria me dijo. Cargado de ilusión y seguridad todo mi cuerpo y mi cabeza se pusieron en marcha volviendo a mis quehaceres, siguiendo la estela marcada por mi yo adolescente.

Me olvidé del tema hasta ahora que me pongo a escribir. Decir que todo lo relatado me ha hecho pensar sobre que influencia, consciente e inconsciente, tuvieron aquellos adolescentes deseos e ilusiones frescas, sin filtros, sin limitaciones, en las decisiones que he ido tomando en mi vida. Que fuerza dentro de nuestra mente y de nuestra esencia tienen aquellos pensamientos iniciáticos que quizás en un momento fueron reprimidos y como se abren camino para emerger y decirnos, ¡hola, aquí estás porque así lo querías, lo deseabas, yo solo he seguido tus deseos!

Cómo despertar a nuestra memoria

Prestemos atención a lo que nos rodea, lo que nos sucede, vivamos el momento y dejemos que emerjan espacios donde expresar nuestros deseos, nuestras ilusiones, nuestros «QUIERO». Solo tenemos que parar, mirar, prestar atención y ver. Tu realidad te está esperando, dale, permite que suceda. Quizás, entre toda la realidad que nos rodea todavía tengamos posibilidad de alcanzar nuestras metas aunque éstas sean pequeñas. Evitemos que los oscuros túneles por los que a veces transitamos, como el metro que solo transporta nuestro cuerpo, nos roben nuestras ilusiones.

book-912727_640 (2)